¿Qué es la aromaterapia?

La aromaterapia es una terapia alternativa basada en el uso de aceites naturales o esenciales extraídos de plantas, flores, hierbas o árboles. Tiene como objetivo mejorar la salud y el bienestar en general. Además, es un eficaz aliado en el alivio de ciertas dolencias físicas o enfermedades y, a su vez, para equilibrar el ánimo y las emociones.

La aromaterapia es muy beneficiosa y no tiene efectos secundarios. Se pueden aplicar los aceites mediante masajes, baños aromáticos o como cataplasma. Para uso interno debemos consultar con un especialista

Si bien la aromaterapia “se ha puesto de moda” en Occidente desde hace algún tiempo, lo cierto es que no es una práctica nueva en Oriente. Ya se utilizaba en el año 4500 a.C en China. Además, los antiguos egipcios usaban aceites esenciales para embalsamar y con fines terapéuticos.

En Grecia, médicos como Galeno o Hipócrates aprovechaban las ventajas de las hierbas aromáticas para tratar a sus pacientes. En la Edad Media, en Europa, se utilizaban para combatir enfermedades. Por otra parte, en el Renacimiento es sabido que la reina Isabel I (de Inglaterra) apoyaba su uso. En algunos países como el Reino Unido, existen colegios oficiales que regulan la profesión del aromaterapeuta.

¿Qué es el ESTRÉS?

Derivado del inglés «stress» (fatiga), es la respuesta emocional de nuestro cuerpo que recurre a diversos mecanismos de defensa ante una situación que se percibe como amenazante, frustrante o sencillamente activadora; en síntesis un “estado de alarma”.

Muchas situaciones cotidianas provocan que nuestro “estado de alarma” se active: cuando tenemos que presentar un proyecto o trabajo, la emoción por la victoria o el sonido del claxon de un automóvil.  En todas ellas, se origina súbitos cambios fisiológicos, tales como el incremento y aceleración del flujo sanguíneo, sudoración, temblor, etc. que nos impulsa, que nos alerta. A este tipo de estrés se le conoce como estrés positivo, ya que es una respuesta natural e imprescindible para la supervivencia.

Cuando se habla de ‘estrés, nos referimos, por lo general, al estrés negativo que se presenta cuando la “alarma” se mantiene constante e indefinidamente activada; pues todos los mecanismos de defensa naturales están preparados para un corto plazo, desgastando así las reservas del organismo y produciendo diversas patologías simples o graves:  trombosis, ansiedad, depresión, inmunodeficiencia, dolores musculares, insomnio, trastornos de atención y memoria, dolores de cabeza, sarpullidos, disfunción sexual, nerviosismo, dolor en el cuello y espalda, problemas de relaciones interpersonales, falta de respiración, subida o pérdida de peso y, más aún, con las defensas bajas, estamos más expuestos a contraer enfermedades virales o bacteriales o a detonar cualquier enfermedad por predisposición genética.

En resumen, el ciclo del estrés se inicia por el estímulo (factor estresante que desencadena el episodio y que pertenece al mundo exterior), una respuesta del cuerpo (activación de los mecanismos de defensa) y la interpretación que el individuo hace de la experiencia (adaptándose o desequilibrándose).

Por lo expuesto, si comprendemos que no somos simples marionetas manejadas por el azar o la vida, aunque los estímulos sean externos y que no necesariamente dependan de nosotros; si reconocemos que en toda experiencia estresante será la forma cómo enfoquemos el problema la que hará que esa situación nos fortalezca o nos debilite; y si  aprendemos a reconocer cuándo un estrés es negativo y cómo afecta nuestra salud, nos ayudará a evitar situaciones que propicien hábitos y estilos de vida autodestructivos.

Aprendamos a “escuchar” y cuidar nuestro cuerpo para ponerlo al servicio de nosotros mismos, fortaleciéndolo y preparándolo para esta hermosa aventura que es LA VIDA.